MIERCOLES DE CENISA
22 abril, 2013
CUÁL ES EL SIMBOLISMO DE LA CORONA DE ADVIENTO?
22 abril, 2013

CUÁL ES EL ORDEN EN QUE SE ENCIENDE LAS VELAS Y QUE SIGNIFICAN?

CUÁL ES EL ORDEN EN QUE SE ENCIENDE LAS VELAS Y QUE SIGNIFICAN?

Las velas son de distintos colores

Primer Domingo   (¡VIGILA!)  VELA AMARILLA:

Representa la fe en Cristo. Por la fe aceptamos que toda revelación es venida de Dios para comprender asuntos que el hombre no puede llegar a conocer por su propia cuenta. Cristo es el autor de nuestra fe y sólo por ella el justo vivirá.

También es como una llama a la vigilancia como dice San

Marcos (Mc 13, 33-57) « En aquél tiempo dijo Jesús a sus discípulos: ‘Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad! »

Vigilar significa estar atentos, salir al encuentro del Señor, que quiere entrar, este año más que el pasado, en nuestra existencia, para darle sentido total y salvarnos.

Textos bíblicos: Salm. 122; Is. 2:1-4; Rom. 3:21-31; Mt. 15:21-28.

SEGUNDO DOMINGO   PREPÁRATE!)  VELA ROJA:

Nos recuerda que toda la Sagrada Escritura nos habla de que Dios es amor. Por amor, Dios decidió enviar a su único hijo para salvarnos. Jesús es el ejemplo perfecto de ese amor. Él nos ha mandado amar a Dios y a nuestro prójimo. Este amor debe ser real y tiene prioridad sobre cualquier otro asunto en nuestra vida.

Lectura de la II carta de San Pedro 3,13-14: ”Nosotros esperamos según la promesa de Dios cielos nuevos y tierra nueva, un mundo en que reinará la justicia. Por eso, queridos hermanos, durante esta espera, esfuércense para que Dios los halle sin mancha ni culpa, viviendo en paz”. Palabra de Dios.

Breve pausa para meditar

Textos bíblicos: Salm. 91; Is. 63:7-14; 1Jn. 4:8; Jn. 3:16-17.

TERCER DOMINGO   ALÉGRATE!   VELA AZUL:

El color de esta vela representa la justicia de Dios. La Biblia dice que Dios es justo y recto; todos sus caminos son justos y no hay iniquidad en él. La justicia es resultado del amor, sin este requisito no hay justicia. Dios es misericordioso y por eso es justo. Jesucristo nos invitó a buscar el reino de Dios y su justicia. Esta justicia basada en el amor es lo que Dios quiere que practiquemos como cristianos.

Lectura de la Primera carta a los Tesalonicenses 5,23: ”Que el propio Dios de la paz los santifique, llevándolos a la perfección. Guárdense enteramente, sin mancha, en todo su espíritu, su alma y su cuerpo, hasta la venida de Cristo Jesús, nuestro Señor”.

En las tinieblas se encendió una luz, en el desierto clamó una voz. Se anuncia la buena noticia: ¡El Señor va a llegar! ¡Preparen sus caminos, porque ya se acerca! Adornen su alma como una novia se engalana el día de su boda. ¡Ya llega el mensajero!. Juan Bautista no es la luz, sino el que nos anuncia la luz.

Cuando encendemos estas tres velas cada uno de nosotros quiere ser antorcha tuya para que brilles, llama para que calientes. ¡Ven, Señor, a salvarnos, envuélvenos en tu luz, caliéntanos en tu amor!

Textos bíblicos: Salm. 9; Is. 11:1-10; Mt. 5:6; 6:33.

CUARTO DOMINGO     ENTRÉGATE!   VELA VERDE:

Simboliza la esperanza del cristiano, la cual se sustenta en la persona de Cristo. La esperanza cristiana provoca en el creyente un pensamiento crítico sobre el pasado, el presente y el futuro; conoce la crisis y se aferra a la promesa divina.

Primera lectura: Rm 13,13-14 “Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas y borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias. Vestios del Señor Jesucristo”. “

Segunda lectura: 2 Tes. 1,6-7 “Es justo a los ojos de Dios pagar con alivio a vosotros, los afligidos, y a nosotros, cuando el Señor Jesús se revele, viniendo del cielo acompañado de sus poderosos ángeles, entre las aclamaciones de sus pueblo santo y la admiración de todos los creyentes.” -“Palabra de Dios”

Textos bíblicos: Salm. 142; Is. 35:1-10; 1 Cor. 13:13; Luc. 1:5-25.

En la Noche de Navidad  VELA BLANCA:

La quinta vela, que va al centro de la corona, nos recuerda a nuestro Señor Jesucristo como la luz del mundo.

Es la vela que simboliza la persona de Jesucristo, el hijo de Dios, nuestro Salvador, quien vino para ser luz en medio de las tinieblas y liberarnos de la opresión del pecado. Él es la fuente de nuestra fe, de nuestra esperanza. Su justicia es resultado de su infinito amor por nosotros y nos otorga una paz verdadera.

Lectura del Evangelio según San Lucas (2:6-7)

“Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron

los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito,

le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento.”

La Virgen y San José, con su fe, esperanza y caridad salen victoriosos en la prueba. No hay rechazo, ni frío, ni oscuridad ni incomodidad que les pueda separar del amor de Cristo que nace. Ellos son los benditos de Dios que le reciben. Dios no encuentra lugar mejor que aquel pesebre, porque allí estaba el amor inmaculado que lo recibe.

Nos unimos a La Virgen y San José con un sincero deseo de renunciar a todo lo que impide que Jesús nazca en nuestro corazón.

Textos bíblicos: Salm. 72; Is. 9:2-7; 1Cor. 14:33; Luc. 2:1-20.

Por qué el color Morado se usa en Adviento?

Por el  color morado nos recuerda la actitud de penitencia y sacrificio que todos los cristianos debemos tener para prepararnos a tan importante evento. ”  dice la Instrucción General del Misal Romano, n.307).  “la diversidad de colores en los ornamentos sagrados tiene como fin expresar con más eficacia, aún exteriormente, tanto las características de los misterios de la fe que se celebran, como el sentido progresivo de la vida cristiana a lo largo del año litúrgico

El color morado o violeta, signo de dolor y esperanza, se utiliza en el tiempo de Adviento, Cuaresma y la misas de difuntos. La espera de un bien comporta sentimientos encontrados: por una parte hay cierto dolor porque no se tiene y por otro lado hay esperanza y alegría por que se avecina ese bien.

El Papa Benedicto XVI, al empezar este tiempo decía que el Adviento es un tiempo sumamente sugerente desde el punto de vista religioso, pues está lleno de esperanza y de espera espiritual. Cada vez que la comunidad cristiana se prepara para hacer memoria del nacimiento del Redentor, experimenta en sí un escalofrío de alegría.

En Adviento, el pueblo cristiano revive un doble movimiento del espíritu: por una parte, levanta la mirada hacia la meta final de su peregrinación en la historia, que es el regreso glorioso del Señor Jesús; por otra, recordando con emoción su nacimiento en Belén, se agacha ante el Nacimiento. La esperanza de los cristianos se dirige al futuro, pero siempre queda bien arraigada en un acontecimiento del pasado, en la plenitud de los tiempos cuando el Hijo de Dios nació de la Virgen María.

El Evangelio de estos días nos invita hoy a permanecer vigilantes en espera de la última venida de Cristo. «¡Vigilad!», dice Jesús, «ya que no sabéis cuándo viene el dueño de la casa» (Marcos 13, 35. 37). La comunidad cristiana espera con ansia su «manifestación» y el apóstol Pablo, al escribir a los Corintios, les exhorta a confiar en la fidelidad a Dios y a vivir para que cuando regrese les encuentre «irreprochables» (1 Corintios 1, 7-9) en el día del Señor. Podemos pensar si ya empezamos a vivir este tiempo, preparando nuestra alma, para la llegada del Señor.

El Papa Benedicto XVI quiso recordar también la constitución del Concilio Vaticano II, “Gaudium et spes”, sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo, pues es un texto profundamente impregnado de esperanza cristiana, en donde se puede leer: «Dios nos enseña que nos prepara una nueva morada y una nueva tierra donde habita la justicia… No obstante, la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien aliviar, la preocupación de perfeccionar esta tierra».

Aunque esperamos la vida eterna, ello no debe llevarnos a desentendernos de este mundo, sino al contrario, ganarnos ese Cielo impregnando de amor esta tierra y santificando todas las actividades en las que estamos. Al final de su intervención el Papa acudió a María santísima, Virgen del Adviento, para que nos permita vivir este tiempo de gracia vigilando y comprometidos en la espera del Señor

Novena de Adviento

Meditación

La creación, incluídos nosotros mismos, forma parte de un plan general del Creador. Pero, nuestros primeros padres fueron tentados por el diablo y desobedecieron a Dios. Por esta razón perdieron para ellos y para toda la posteridad la vida de la gracia y santidad. Este es el estado de pecado original en que todos nacemos. Las puertas del cielo fueron cerradas a la humanidad como resultado del pecado original.

Por eso, fue necesaria la Redención que llevó a cabo Jesús, quitando el pecado del mundo (Jn 1, 29). Solamente por Cristo puede el hombre pecador llegar a ser hombre celestial como Dios lo había dispuesto (1 Cor 15, 45-49).

Adviento es el tiempo para avivar nuestra esperanza de la revelación como hijo de Dios (Rom 8, 19). Es esperar la venida de Cristo por gracia en Navidad y su venida final cuando se cumpla el plan de Dios para todos los revestidos en Cristo por la fe y el Bautismo.

Dios nos da a conocer su plan por medio de los Profetas, y en Adviento la Iglesia nos repite sus palabras. Los grandes precursores fueron Isaías y Juan Bautista, a los cuales se añade otros como Baruc, Jeremías, Sofonías y Miqueas, hasta que llega Jesús en quien se cumplen todas las promesas que Dios había hecho.

Desde el día de la Anunciación, María, mejor que nadie en le mundo, tuvo la dicha de conocer la plena verdad de que es Dios quien viene al mundo. Meditando en el misterio de Cristo, “el Hijo del Altísimo”, comenzamos a entender que Él nos incorporó a Sí mismo al hacerse hombre y que volverá de nuevo dándonos la salvación para establecer su Reino eterno.

Durante el Adviento, nuestra súplica ha de ser siempre: “Ven, Señor Jesús” (Ap 22, 20). Debemos rechazar “la maldad y las codicias mundanas” y vivir “en este mundo como seres responsables, justos y que sirven a Dios. Pues esperamos  el día feliz en que se manifestará con su Gloria nuestro magnífico Dios y Salvador Cristo Jesús” (Ti 2, 12-13).

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